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La Vanguardia
27 de marzo de 2011
La mirada recíproca / Josep Maria Cortés 2011
Zaragoza-Barcelona, un diálogo entre ciudades, a través de los Belloch, Alday, Castells o Martínez de Pisón, entre otrosEl último peldaño de la Torre del Agua de Zaragoza es una cubierta blanca batida por el cierzo. Desde allí, la vista se extiende hasta el Pirineo nevado y bordea las estribaciones del Moncayo; casi en picado, el curso del Ebro serpentea muy cerca de la vieja muralla, y sitúa los lindes de una panorámica cambiante: el norte de la ciudad crece y crece, a partir de la zona Expo, como si quisiera alcanzar quiméricamente la longitud del sur. La altura, cualidad orográfica de las ciudades, muestra la Zaragoza de los edificios singulares picoteando calles o plazas; el Cai, la Caja de Música (auditorio), el Cubo Compacto del paseo Longares, el pirulí de Telefónica, el teatro Fleta, el puente del Tercer Milenio, el Ariane, el Dicsa, el World Trade Center o el viejo palacio de la Aljafería, sede marmórea de las Cortes de Aragón, y también algunos logros de la rehabilitación, como las Argensola y Morlanes, o los destellos de futuro, al estilo del pabellón Puente, adquirido por Ibercaja, cuyo presidente, Amado Franco, lo llamó el Ponte Vecchio del siglo XXI; y especialmente el Centro de Arquitectura y Diseño (Cad), la nueva Residencia de Estudiantes de España por su fuerza interdisciplinar y por su magnetismo, una especie de Bauhaus , germinada en la cabeza del alcalde, Juan Alberto Belloch, el jurista que fundó Jueces para la Democracia y que fue magistrado en Vic, Berga, Alcoi y Bilbao, antes de ser ministro de Justicia y plenipotenciario en los estertores del felipismo, aquel momento en el que la historia de España reverdeció inquisiciones gracias a la fuga de Luis Roldán (jefe del Instituto Armado), un personaje salido de la Corte de los Milagros de Valle-Inclán.
Originales de Teruel y con fuertes raíces catalanas, los Belloch representan un puente entre Zaragoza
y Barcelona, dos ciudades de mirada recíproca: la primera, anhelante del corredor pirenaico en “el centro del cuadrante norte-nordeste” (en palabras de Villar Mir, presidente de OHL); y la segunda, con renovada implicación en el eje mediterráneo. En su espacio destinado al sector terciario, Zaragoza, un rectángulo plano formado por dos coronas atravesadas en cruz por dos líneas de tranvía (obra del arquitecto Iñaki Alday), cuenta incluso con la llamada Milla Digital, un espacio todavía en mantillas por el impacto brutal de la crisis. Los Belloch, Juan Alberto y su hermano José Félix –notario de Barcelona, ex decano del colegio catalán y ex vicepresidente del ConsejoNacional del Notariado– optaron por estudiar leyes siguiendo la tradición familiar. Son hijos y nietos de magistrados, la profesión escogida por Juan Alberto, que debutó en Alcoi, con un tanque frente a sudespacho en las largas horas que recorrieron el abracadabrante intento de golpe de Estado del 23-F. Fue ascendido a lamagistratura penal de Bilbao, una plaza entonces casi desierta y ocupada por jueces de vida single a la espera del siguiente concurso. Pero, él llegó para quedarse, junto a sus colegas, el ex Fiscal General Conde Pumpido, Luciano Varela y Joaquín Giménez, que más tarde sería magistrado del Supremo. Desempeñó la presidencia de la Asociación pro Derechos Humanos en Euskadi, en la que colaboró muchísimo Juan Luis Ibarra, el actual presidente del Tribunal Superior. Cuando en 1993 Felipe González le nombró ministro de Justicia, colgó en su despacho una foto de Manuel de Irujo, que había sido titular del departamento durante la Segunda República.
Belloch había sido vocal del Consejo General del Poder Judicial, un cargo que implica la relación dialéctica con los partidos pero que excluye la militancia; mantuvo una amistad muy estrecha con el juez José María Lidón, y con Juan Daniel Barandiarán, que fue durante muchos años alcalde de Zaratamo. Ni entonces ni después olvidó
Belloch sus fidelidades. En una época se sintió afín a Euskadiko Ezkerra y muy cercano al abogado Juan Mari Bandrés, vinculado a su familia y especialmente amigo de su padre, José María Belloch Puig. Este último desempeñó el cargo de gobernador civil de Guipúzcoa, después de haber sido también gobernador de Huelva.
Belloch Puig, juez y político, militó en la Unió Democràtica de Catalunya de Antón Cañellas y también dio el salto a la UCD de Suárez; fue miembro destacado de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), la conocida agrupación de seglares dispuestos al apostolado fundada por el jesuita Ángel Ayala (a partir de un grupo de congregantes mariano de los Luíses de Madrid) ypresidida en sus mejores años por el cardenal Andrés Herrera Oria. Los propagandistas dieron aliento a la fundación de Editorial Católica, de varios diarios o el Centro de Estudios CEU del que dependen ahora tres universidades privadas: San Pablo de Madrid, Cardenal Herrera de Valencia y Abat Oliba de Barcelona. Constituyeron una de las familias más influyentes y críticas del antiguo régimen, especialmente tras la derrota del Eje en la Segunda Guerra Mundial y el desplazamiento de Falange en beneficio del nacionalcatolicismo, hasta la aparición de los tecnócratas del Opus Dei. La vía conciliar arrancada en Roma por el papa Roncalli dio alas a sus mejores cuadros: Alberto Martín Artajo (que había sido artífice del Concordato con la Santa Sede del año 1953 rompiendo el aislamiento de España), José Larraz López, José
Ibáñez, Fernando María Castiella o Federico Silva Muñoz.
En la dialéctica territorial de España, Aragón arranca en la Corona, mientras que Catalunya ha optado mayoritariamente por las raíces románticas del catalanismo político. En su momento, el historiador Jaume Vicens Vives hizo un esfuerzo por conectar las cátedras españolas con las europeas al reactivar los congresos de la Corona de Aragón, en los que participaban profesores del Rosellón, Provenza y Occitania y también Sicilia, Cerdeña y Nápoles, con la presencia de figuras como Federico Chabod, Alberto Boscolo, Philippe Wolf, el bizantinista rumano Constantin Aninescu, Soldevila y el medievalista Martín de Riquer, tal como consta en la biografía de Miquel Batllori, Records de quasi un sigle, recogida por Cristina Gatell y Gloria Soler y publicada por Quaderns Crema). El intento de Vicens expresaba la neutralidad de la ciencia, frente al oleaje sentimental de la conciencia, tantas veces espoleta de polémicas entre Catalunya y Aragón, dos comunidades enfrentadas en la guerra del agua, la candidatura de la Olimpiada blanca de 1922 (Barbastro contra Puigcerdà) y por otras diferencias más retóricas, sobre la titularidad del arte sagrado de los llamados “bienes de la Franja” custodiados por el Museo Diocesano de Lleida y exigidos por la mitra aragonesa mediante el procedimiento del Exequatur, una figura del derecho canónico que ordenaría la devolución de estos bienes en cumplimiento de una sentencia del Tribunal de la Signatura Apostólica del Vaticano. Como en otros antecedentes (el caso, por ejemplo, de las tierras de los canónigos de Lleida), el litigio tiene su origen remoto en la desamortización de Mendizábal y enorme complejidad técnica, como ocurrió con la demanda propiciada en 1952 por el abad Escarré por el “dominio de la montaña de Montserrat” dirigida a personas “inciertas”, detrás de las cuales movía los hilos el entonces obispo de Barcelona, Gregorio Modrego Casaus.
Juan Alberto Belloch se enternece cuando habla de Barcelona; cuenta con un equipo asesor de expertos coordinado por el estratega Manuel Castells, profesor en Berkeley y en la Universitat Oberta de Catalunya. Barcelona fue su primer trampolín como lo es ahora para el arquitecto Iñaki Alday (premio FAD y nominado al premio europeo Mies van der Rohe), con despacho en la ciudad condal,oel escritor Ignacio Martínez de Pisón, que balancea su residencia barcelonesa con diversos actos y presentaciones zaragozanas; una de ellas, la de su libro Las palabras justas (2007), en la librería Los buscadores de sueños de la calle Jerónimo Blancas, acompañado de artistas como el pintor oscense Alfredo Cabañuz, original de Villanueva de Sigena, cuna de Miguel Servet. Pisón se mantiene fiel a la recíproca influencia Barcelona-Zaragoza.
Las dos orillas de la vieja Corona de Aragón se encuentran sin enredos en los campos del arte y la cultura, como pudo verse (en el 2009) en los murales de Jorge Gay, en la biblioteca de 15.000 volúmenes que festonean el Centro Aragonés de Barcelona, bajo otro título vagamente maño, “El lugar de los sueños”, a medio camino entre la estética y la delectación.
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