Artículos sobre aldayjover arquitectura y paisaje
Volver a publicaciones 
"Un cuento con dos ideas y un agradecimiento" de Javier Peña
en:
El Parque del Agua / The Water Park / Le Parc de l´Eau
Autores: Iñaki Alday, Margarita Jover,Christine Dalnoky

descarga artículo


Un cuento con dos ideas y un agradecimiento / Javier Peña 2008

 

La mañana estaba fría. Iban organizando sus cosas. Notaban como el viento del Norte amainaba y probablemente el día fuera bastante llevadero. Recogían en sus mochilas todos los objetos que creían que podían ser útiles para su primer reconocimiento. Salieron a la calle y vieron como el sol empezaba a despuntar, aunque todavía hacía frío. Sus pisadas sobre el pavimento de la calle, duro, urbano, se mezclaban con arrastrones de las escobas de los barrenderos, y prácticamente en silencio seguían andando.

 

Llegaron a un paraje que la ciudad había olvidado, pero también olvidado por el territorio más abierto, más salvaje, y el colonizado por las instalaciones agrarias.

 

Los dos exploradores comenzaron de nuevo a andar, ya sus pisadas no reverberaban, todo lo contrario: eran pasos blandos, acolchados; el barro y las semillas se iban pegando a sus botas.

 

Ambos vieron que, a medida que amainaba el viento, las hojas de los árboles que colonizaban aquel paisaje iban dejando de moverse y, progresivamente, según el sol subía, también comenzaban a vibrar por la luz
del sol, intensificando las sombras sobre el terreno que pisaban.

 

Se dieron cuenta de una presencia que les rodeaba, de como los pájaros que anidaban en los árboles se movían alrededor de ellos,  y les decían que aquel lugar tenía una condición especial que ellos se propusieron descubrir.

 

Recorriendo las sendas, que antes habían sido los trazados agrarios, las acequias, y ahora son el recuerdo de los campos y los lindes. Se fueron moviendo y llegó un momento en el cual sintieron que aquel lugar tenía
una condición especial, y a medida que se acercaban a sus bordes descubrieron algo que ya sabían: era la presencia de un río, que había ocupado parte del suelo que pisaban.

 

Esa mañana, el río estaba tranquilo, con poco caudal, prácticamente sin corriente, pero todo aquello que les rodeaba daba fe de la fuerza con la que el río venía en épocas, y se convertía en un río terrible, brutal, capaz de anegar el trabajos de años de agricultura, o llevarse por delante los árboles de sus riberas.

 

Estas huellas que el río iba dejando en aquel sitio, les indicaban que los límites con los cuales estaba en ese momento definido, tanto la ciudad como el río, no eran tales. Era un borde borroso, cambiante, que
en el tiempo nunca se había mantenido estable y que por lo tanto debían de conocer las leyes que lo habían conformado.

 

Llevaban con ellos, en el interior de sus mochilas, algunos mapas, algunas fotos, pero poco a poco, a medida que iban andando y reconociendo aquel lugar, no eran suficientes.

 

Aquellos datos que estaban volcados sobre los mapas no indicaban la fenomenología del territorio, aquella condición cambiante del sitio. Al contrario: una condición estática que ellos sabían que no era así. Por eso, sobre estos mapas comenzaron a dibujar, sobre las fotos, comenzaron a tomar notas, a escribir, a valorar ese cambio; remarcar trazados que estructuraban de una manera clara aquel lugar.

 

Al llegar a su casa, desplegaron sobre unas largas mesas sus notas y a un lado y otro de ellas, los dos exploradores las miraban, anotaban recuerdos que no habían sido capaces de dibujar y comenzaron
a aparecer dibujos nuevos: dibujos que eran cartografías propias que intentaban explicar cual era la condición especial y singular de aquel sitio.


Al día siguiente se levantaron, y pensaron: “Tenemos que volver. Tenemos que encontrar más rastro, más huellas más datos... tenemos que confeccionar una brújula que permita guiarnos sobre este paisaje”.

 

Al volver allí, encontraron fundamental el conocer al principal actante del lugar: era el agua.

 

El agua era el agente vertebrador de todo aquel sitio, estaba claro, lo veían en todo: en como la tierra estaba dispuesta, de como caminos y acequias se ubicaban, las diferencias de cotas, el propio río que vagaba lento, curvándose intentando encontrar la máxima inclinación para ir más rápido. Era el principal agente e iba a ser también su principal aliado. Un aliado activo vital, fuerte, pero también cambiante, fluido, alguien en
la que su máxima fuerza residía en cambiar de forma.

 

Los dos exploradores, aunque estaban cansados, sabían que llegaba el final y dentro de nada este nuevo paisaje se separaría de ellos, siendo una infraestructura urbana, con nuevos usos, siendo una oportunidad para vivir una vida nueva que no pasaría desapercibida para el resto del mundo ni para otros exploradores que intentan trabajar en el territorio, con otras herramientas, con intereses diversos, pero siempre intentando consolidar esta idea de emerger a partir de los datos propios de los territorios entendidos como infraestructuras, y no como el volcado de usos genéricos, sin arraigo.

 

Por todo esto, todos los otros exploradores les agradecemos el haber sido capaces de desarrollar este trabajo de forma tan precisa y tan escrupulosa, pero también tan coherente con una sensibilidad acerca del paisajismo, que nos hace a todos poder pensar que es posible situar y reconducir las lógicas bárbaras de la devastación del territorio en el que vivimos.