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El Parque del Agua / The Water Park / Le Parc de l´Eau
Autores: Iñaki Alday, Margarita Jover,Christine Dalnoky
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El tiempo recobrado / Eduardo Arroyo
“Si me diese siquiera el tiempo suficiente para realizar mi obra, lo primero que haría sería describir en ella a los hombres ocupando un lugar sumamente grande (aunque para ello hubieran de parecer seres monstruosos), comparado con el muy restringido que se les asigna en el espacio, un lugar, por el contrario, prolongado sin límite en el Tiempo, puesto que, como gigantes sumergidos en los años, lindan simultáneamente con épocas tan distantes, entre las cuales vinieron a situarse los días”. Marcel Proust, En busca del tiempo perdido
Marcel Proust termina el último volumen de su novela total con un alegato a la importancia del paso del hombre por el espacio y la unión íntima de este acto con el encadenamiento de sus días sobre la tierra. La importancia que concede al tamaño del hombre frente al lugar no deja de ser algo que comprendemos intuitivamente pero que muy pocas veces ejercitamos; la prioridad de las personas sobre los objetos y por extensión la prioridad del tiempo hilvanado de los días sobre el espacio material presente.
Pero, ¿Cómo reconocer aquello que pertenece al tiempo encadenado del que habla Proust y diferenciarlo de lo que participa solo del momento y con su transcurrir muere o desaparece? Porque un pesado velo de modismos amanerados niebla nuestra comprensión sobre el concepto de lo actual reduciendo su independencia y esclavizándola al tópico salvador de “nuestro tiempo”. Vislumbrar la atemporalidad se ha vuelto, por tanto, una labor forense necesitada de bisturís de criterio escéptico afilados con reflexión distante.
En esta dirección, Zygmunt Bauman apunta a la penetración de la lógica del consumo como explicación de la volatilidad de todo, devaluando la durabilidad y eliminando la perseverancia del individuo que incrédulo se arroja al territorio del espectáculo fugaz y la fama. Aplicado al arquitecto-paradigma que pertenece a su tiempo se nos muestra éste como un espejismo lleno de rutinas arquitectónicas volátiles y tenazmente homogeneizadoras en clara oposición a la concreción de la voluntad creadora. A pesar de la sofisticación de los medios de la imagen para arrasar en las adjudicaciones concursales, en última instancia siempre existe delación cuando el espectáculo se convierte en construcción y revela como una chivata incontrolada sus carencias e ineptitudes. Es más fácil, una vez construido el objeto, discernir entre los artesanos sin pretensiones que creen en la trascendencia de su obra y los profesionales de la mediocridad enfática.
Margarita Jover e Iñaki Alday creen en lo que hacen y al igual que Maxwell ligó con un estrecho vínculo dos partes de la física hasta entonces completamente extrañas entre sí, la óptica y la electricidad, fundiéndolas en una armonía superior, ellos han sabido crear objetos que con naturalidad funden espacio y tiempo en otra armonía que los acerca a las personas pero les aleja de “su tiempo”. Es una vocación de incompletitud dinámica la que permite a esos objetos no sedimentarse en ningún estrato estilístico determinado ligándolos al transcurso de los días por venir. Podríamos decir que el tiempo recobrado por estos objetos es un tipo de tiempo que ofrece vivencias espaciales cuya comprensión no pertenece al instante sino a la duración, y de ahí su carácter de incompletos. Nos reconforta saber que, a diferencia de tantas otras construcciones, necesitan de nuestra presencia para existir.
En la obra reciente de AldayJover se reconocen ya algunos destellos del tiempo recobrado, ese tiempo-vivencia que equivocadamente llamamos espacio, como la viga columpio de Terrasa, la puerta sirve platos de Barcelona, las variaciones del hormigón asilvestrado de Utebo, las travesuras perforadas del agua en Zuera, las troneras palanca de Monells y tantos otros reconocibles con asombro. Estos objetos de carácter dinámico relevan a las robustas construcciones que los albergan de la compleja carga de formar una imagen arquitectónica aunando espacio y tiempo en corpúsculos de sensibilidad. La vida de estas obras en el tiempo encadenado está sustentada, por tanto, en reflexiones artesanales creativas potenciadas por la inexistencia de una imagen de rabiosa actualidad.
Huyendo de tendencias aparecen en Zaragoza materiales sorpresivos complejos y sin complejos como los laboriosos hormigones prefabricados ciclópeos que dialogan con textiles sintéticos de invernadero, aparentemente extraviados, que acompañan al visitante en un recorrido lumínico vibrante por el edificio de Cabecera de aguas. O los parapetos de acero corrugado del parque que nadie nunca hormigonará y que se intestinan con luminarias de batalla o los cañizos de bambú, fuera de su escala rutinaria, filtrando intimidad en pabellones de bodas imposibles. Estos materiales se leen de manera programática acompañando a los diversos usos internos en una respuesta directa de la forma a las necesidades que alberga y se desentienden del apriorismo formal que proponen las volumetrías digitalizadas y licuadas del resto de construcciones de la Expo.
De la misma manera, el pacto de estos creadores con la Naturaleza parece regirse por similares reglas de comportamiento con respecto al tiempo, creando una geografía del Parque no reconocible ni geométricamente ni como voluntad de imagen terminada ya que responde casi exclusivamente a la permanencia del agua robada al río Ebro en contenedores vivos para su decantación y uso lúdico. Dicho paisaje variable en el tiempo y sus topografías de contención han sido construidos con la inestimable colaboración de la inercia acuosa dibujando históricamente los meandros que lo delimitan. El presente construido se liga así al pasado y prevé los retornos futuros de posibles inundaciones en una estrategia de diseño con las fuerzas incontroladas de la naturaleza.
Viendo la sorpresiva mezcla arquitectónica en que se sustenta la Expo de Zaragoza 2008, parece que la indudable necesidad funcional del Parque acuático-vegetal y de los edificios de Cabecera de aguas y Producción de energía es una garantía clara para su futura supervivencia frente a otros objetos. Cuando el Pabellón de España, el Palacio de Congresos, el Pabellón-Puente o los pabellones efímeros hayan sucumbido a su cambio de función relatarán, de manera nada sorprendente, la necesidad del carácter efímero de este tipo de exposiciones a pesar de todos los esfuerzos voluntariosos en la dirección contraria. Una vez más, el cambio radical de función se nos muestra como una imposición de debilidad a la arquitectura y una volubilidad maleable del espacio que convierte a los edificios en todo y nada a al vez.
Puede que el tiempo proustiano recogido en AldayJover, y en otros contemporáneos suyos, solo sea reconocible cuando ha sido sembrada su semilla en una primera experiencia iniciática individual por lo que no creo que exista en su obra ningún atisbo de activismo colectivo-político. Es posible también que para ser capaz de introducirlo en los procesos creativos haya que dejar de creer sólo en el presente combustible y volver nuestra presuntuosa y consumista mirada occidental hacia otros tipos de tiempo y espacio de carácter cíclico como ya hicieran Proust y tantos otros. Por ello, rememorando a Corto Maltés, creo que aquellos que han navegado mundos diversos al del pragmatismo, con el viento acariciándoles el pelo, ya nunca pueden dejar de ser de los buenos.
Ni probablemente quieran.